DESCRIPCIÓN DEL ARTISTA:
Mi primer recuerdo de infancia es la portada de tebeo El hijo de Astérix. Soy autodidacta. Dibujo por afición desde los 4 años.
Mis influencias de juventud eran sobre todo los cómics de superhéroes y la bande dessinée franco-belga. Artistas como Bill Sienkiewicz, Mike Mignola, Barry Windsor-Smith, Hermann, Uderzo, Giraud… Después llegaron muchas más, de diversa procedencia. El arte Neanderthal, el arte Románico, Michelangelo, series de TV como Doctor en Alaska, The Leftovers, o Carnivàle, los libros de Philip K. Dick, la música de El niño gusano, la hermandad Prerrafaelita, ilustradoras como Ana Cialicu, María Polán, Gels Caletrio, Sonia Ródbal, Emilia Cantor…
Mi estilo formal es diverso, pero hay grandes nexos de unión en lo referente a la temática. Animales totémicos, como gatos y pájaros. Elementos naturales que abrazan, como ramas, hojas y flores. Paisajes silvestres, urbanismo ruinoso, arquitectura vernácula. Religión, creencias, paganismo, y mitología de interpretación libre. Hilos y cables que atan, hieren, sanan, y liberan. Colores de carne y sangre, colores de nubes y agua…
DESCRIPCIÓN DE LA OBRA:
En las montañas de Las Hurdes, cuando el invierno empieza a retirarse, los pueblos se preparan para recibir un nuevo ciclo con una fiesta de música, máscaras, fuego, ritos, y risas, en la que, durante unos días, el mundo parece ponerse del revés.
La vida cambia de rostro. Las calles se llenan de personajes imposibles que parecen salidos de otro tiempo. Figuras llenas de simbolismo como el Machu Lanú, la Mamadrama, el Entihnaol, la Chancalaera, el Pelujáncanu, Hermelinda,… También aparecen los jurramachos, gentes enmascaradas cubiertas de harapos, pieles y trapos, que representan el caos, la burla y la libertad.
El Carnaval Hurdano es la memoria de un pueblo transmutada en celebración, porque Las Hurdes no se disfraza: recuerda quién fue.